Han pasado más de cinco semanas y por fin, has regresado a casa.
Un susto, una ambulancia, boxes de urgencias y salidas y entradas de nuevas y aquejadas compañías, codo a codo compartiendo una menuda habitación.
Muy buena gente a tu lado, padeciendo y atendidas unas, y atendiendo y derrochando profesionalidad otras.
Es a estas últimas que menciono, a quienes con todo mi corazón, quiero agradecer el trato que te han dispensado, cuidándote y brindándote un cariño exquisito.
Es a estas últimas personas, trabajadores del Hospital Doce de Octubre de Madrid, a quienes en momentos laborales tan delicados, en tiempos de malos rollos y legítimas reivindicaciones, no puedo más que agradecer su total entrega y profesionalidad, su afecto, su abnegación, su dedicación sin reservas.
En esta ocasión tocó la planta doce de este hospital y es particularmente al personal adscrito a dicha planta a quienes felicito y agradezco por el trato dispensado, pero estoy seguro que no me equivoco, si hago extensiva esta felicitación a la totalidad del personal del hospital.
En este mundo, aun cuando vienen mal dadas, por suerte abundan personas en las que prevalecen los principios más esenciales por encima de cualquier cosa; gente que antepone al ser humano por encima de exigencias de derechos que quedan legitimados e intocables consecuencia de su propio comportamiento.
Es evidente que, quien siembra recoge.
De corazón, de todo corazón: Gracias.


