sábado, 23 de abril de 2016

EL MAL VISTE CASUAL (12)

-Lectura del Libro del Apocalipsis- proclama el sacerdote con voz grave


-“…Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto Viviente que decía: «Ven». Miré entonces y había un caballo verdoso; el que lo montaba se llamaba Muerte, y el Hades le seguía. Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra…”-


-Palabra de Dios- culmina

___ 

Es un domingo como otro cualquiera y el templo está repleto de fieles. En la fila séptima se encuentra María y a la derecha, en la sexta, seis bancos más allá del suyo, atienden solemnes al culto, su marido y sus hijos junto a otros tres fieles.

El rito avanza en cadencioso guión, palabra tras palabra, gesto tras gesto, signo tras signo.

Pelayo, repite como un loro la oración de ese momento mientras su cabeza discierne en el cálculo del tiempo que resta para que la misa acabe. Su hermano pequeño, Ezequiel, es incapaz de mantenerse quieto y golpea de manera insistente el banco de madera con la moneda de diez céntimos que su padre le ha dado para cuando pasen el cesto. Nadie le llama la atención.

Llega el momento de la Comunión y Pelayo y su padre, avanzan solemnes hacia el sacerdote para recibir la Forma Sagrada. El pequeño, entonces, se acerca a donde está su madre y le pregunta:

-Mamá ¿Tú no tomas la Comunión?-

-Hoy no, hijo-

-¿Por qué?-

-Porque no estoy preparada para hacerlo-

-Pero, tú si puedes, no como yo, que soy pequeño aun-

-No siempre se puede, cariño, hay que estar libre de pecado-

-Entonces ¿eres mala, como dice papá?-

-¡No, mi vida! ¡yo no soy mala!-

-Pero papá y Pelayo comulgan siempre y tú solo, a veces-

-También es pecado muy grave, tomar la Comunión sin estar a bien con Dios-

-¿Tú estás a bien con Dios, mamá?-

-No lo sé hijo. Yo creo que sí, pero a veces es necesario estar seguro de ello-

-Papá y Pelayo están seguros, sino no irían a la fila-

-O están pecando y lo saben-

-Tú eres buena mamá ¡Anda, ve a tomar el Cuerpo de Cristo-

-¿Cómo?-

-Que vayas a recibir al Señor, mamá, que tú eres buena y necesitas que Jesús te ayude-

Perpleja, María mira a Ezequiel. No reconoce en esas palabras a su hijo pequeño. Siente poderosa su mano firme y su mirada de la que emanan anaranjadas llamas, clavada en las pupilas

-Ya está aquí la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios. Ya está aquí la potestad de su Cristo. Ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios- recita Ezequiel con la mirada perdida

-¿Qué dices, hijo, que te pasa?-

-El que esté destinado al cautiverio, al cautiverio irá. El que haya de morir a filo de espada, a filo de espada morirá-

-¡Hijo, me estás asustando!-

-Mamá, ve y comulga, por favor- Ordena el niño con voz serena a la par que implacable.

María se levanta y camina hacia el altar, empujada por una fuerza desconocida. No siente sus pasos sobre el suelo de madera. No escucha la música que sale del coro. Llega a la altura del sacerdote y recibe de sus manos una Sagrada Forma que se introduce en la boca. Previamente, se ha cruzado con su marido y su hijo mayor, que regresan tras haber completado el ritual, pero ni siquiera los ha visto.

-El Cuerpo de Cristo-

-Amén- afirma solemne, antes de tomar camino de vuelta a su asiento. Marcha con la cabeza agachada, recitando en silencio sus oraciones. De repente siente a la gente corriendo por la iglesia. Gritos de mujeres, llantos de niños…

-Pelayo, Ezequiel ¿Qué pasa, que pasa?-

-Mamá, mamá, es papá, no sé qué le pasa, corre mamá corre- grita Pelayo.

Su marido yace en el suelo. Se ha desplomado antes de sentarse y un hilo de sangre brota de su boca. Pelayo está abrazado a él y llora desconsolado. Ezequiel permanece en pie, impasible, mirando fijamente a su madre que corre hacia ellos.

María se pone a horcajadas sobre él y le practica un masaje cardiaco. No está segura de sí lo está haciendo bien, han pasado ya muchos años desde que hizo aquel curso de primeros auxilios en la Cruz Roja, pero es necesario que lo intente. Su marido no reacciona, pero ella insiste con tesón –No te vayas- grita desesperada –No te vayas-

Parece que respira. Una ambulancia del SAMUR llega a la puerta de la parroquia apenas diez minutos desde que se desmayó. Le trasladan al Hospital Clínico y tras dos días en la UCI, ya fuera de peligro, le trasladan a planta.

Se ha tratado de un infarto y de no ser por la rápida reacción de su mujer, él ahora estaría muerto.

-Hola ¿Qué tal estás?-

-Podría estar mejor si tú no me hubieras destrozado las costillas-

-¿Perdón?-

-¡Que estás loca, que me has podido matar por tus putos nervios! ¡Que me ha dicho el médico que las dos costillas que tengo rotas se debe a que me diste un masaje cardiaco sin tener ni puta idea!-

-¡Te salvé la vida!-

-¿Tú? Ja ja ja-

-Sí, yo-

-¡No sabes llevar tu familia en condiciones, vas a saber salvar una vida!-

-¡Eres muy mala gente!-

-¿Quién eres tú para juzgarme?-

-Es igual, déjalo, no vale la pena discutir-

-¿Qué quién eres tú para juzgarme?-

-Tu mujer- afirma María

-Pues limítate a obedecer y no a pensar ¿está claro?-

-Está claro… Adiós-

-¿Dónde vas?-

-¿Quién eres tú para controlarme?-

-Tu marido-

-Pues limítate a quererme y respetarme como yo hago contigo-

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